domingo 28 de septiembre de 2008

Financial Times asegura que España está cada vez más cerca de ver cómo explota la burbuja inmobiliaria

La época de expansión inmobiliaria, en la que más del 30% del PIB llegó a proceder, directa o indirectamente, del sector del ladrillo, toca a su fin. El brusco cese del boom inmobiliario ha dejado al descubierto los cimientos de una economía debilitada por el paso de los años en los cuales, uno tras otro, la política económica ha mirado más a los mercados exteriores y se ha parado a invertir poco o nada dentro de la industria nacional, amparámdose en el sostenimiento que, hasta ahora, ha proporcionado la población inmigrante y que, de hecho, lleva sosteniendo la Seguridad Social desde hace tiempo, así como en maniobras en el extranjero que no han sido sino construir castillos en las nubes; de poco le sirve al español medio las grandes empresas llevadas a cabo por bancos como el Santander o el BBVA. En resumen, la economía española se ha revelado como un edificio con aluminosis cuya fachada empieza a llenarse de grietas.
Dicen los manuales de economía que una crisis economica de esta índole bien serviría para explicar un proceso de cambio en la estructura de la sociedad y que, junto con las grandes crisis demográficas, es un signo evidente de realojamiento de los mercados mundiales.
El problema surge en que, conforme se avanza en esta situación, poco o nada se entreve la salida, más bien, lejos de esta, muchos anuncian la cada vez más cercana estabilidad de la situación en el marco de la precariedad mundial; dicho lejos de los eufemismos y cultismos propios del mundo economico-empresarial, la crisis amenaza con reventar la economía mundial dejándola bajo mínimos, y algo así, en un país donde la teoría económica más utilizada ha sido que el flujo inmigratorio puede sostener el boom de la construcción, puede significar la bacarrota de numerosas empresas (véase la situación de FADESA), no solo relacionadas con el sector sino a nivel nacional, y dejar a millones de familias con créditos e hipotecas a deber en una situación que, aunque muchos se empeñen en negar, acabará llegando a los bancos y, con ellos, al resto de la población que aún pudiera creerse salvada